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Quinto Horacio Flaco (19-12-2012, 19:24)
Rajar de los sindicalistas.
Algo fácil y barato, por cierto.
Lo llevan en la solapa ciertos políticos, lanzando mensajes subliminales
sobre su actual falta de utilidad para los trabajadores, politización,
corrupción, derroche económico.

Resulta curioso: Los mismos que alientan al escarnio público, suelen lanzar
piedras cargadas por sus propias mezquindades.

Además, la destrucción del sindicalismo hace mucho más fácil la labor de los
gobernantes, sin movilizaciones ni huelgas, especialmente la de quienes
dirigen tras la cortina. Qué bien estaríamos si no existieran los
sindicatos, piensan algunos.

El problema es que esa frase por la que suspiran los gobernantes "Qué bien
estaríamos sin sindicatos" empieza a calar entre la gente de a pie, con un
discurso cargado de improperios, gritos, oportunismo, mala leche y, sobre
todo, un enorme vacío de argumentos
que se resume en: "Para lo que hacen, mejor que no hagan nada", "Por mi los
echaba a todos y los ponía a trabajar", "Están vendidos, no se mueven, no
están con los trabajadores".

Luego terminan reservándote para el final el placer de oír la raída historia
de: "Conozco a uno que está de liberado sindical.".

Confesar ser liberado sindical, en estos tiempos que corren, es un auténtico
pecado capital. Mejor inventar cualquier otra cosa antes de que te
descubran. Te pueden acechar en cualquier esquina, a cualquier hora: sacando
dinero, haciendo la compra, recogiendo
a tus hijos en el colegio. Cualquier lugar y excusa es buena, para utilizar
como insulto la palabra "sindicalista".

Se puede ser banquero chupasangre, se puede ser político en cualquiera de
sus muchos cargos (concejal, alcalde, o delegado provincial.) y trincar todo
lo que se quiera, aceptar sobornos y trajes, realizar chantajes, revender
terrenos públicos, recortarle
el sueldo a los trabajadores o directamente despedirlos sin indemnización.

Se puede, incluso, aumentar el recibo de la luz a los pensionistas hasta
asfixiarlos, o salir en fotos besando niños y ancianos mientras los colegios
y asilos se caen a trozos, cobrar dos o tres sueldos en tres cargos
diferentes, declarar a hacienda
que se está arruinado mientras se cobra de mil chanchullos distintos, para
que su hijo obtenga la beca que le permita comprarse una moto a costa del
Estado.

En este maldito país se puede ser lo que se quiera, pero no sindicalista.

Nadie se acuerda ya de la última huelga, aquella en que nadie de la empresa
fue, excepto los dos afiliados que perdieron el sueldo de aquel día, para
que luego se firmara un acuerdo que les subi el sueldo a todos.

Incluso a aquellos que escupieron sobre la huelga.

O de Luís, ese hombre que estuvo 30 años cotizando, y que gracias a la
pre-jubilación que se consiguió en su momento, puede ahora, con 60 años y
despedido de su puesto, tirar para adelante sin necesidad de buscar un
trabajo que nadie le ofrecería.

Recuerden también a Marta, la chica de 23 años que estuvo aguantando un jefe
miserable con aliento a coñac, que le obligaba a hacer más horas extras para
tener un momento de intimidad donde poder acosarla mientras le recordaba
cuándo le vencía el
contrato.

Hasta que su mejor amiga la llevó al sindicato y, gracias a una liberada
sindical, ahora el tipo ha tenido que indemnizarla hasta por respirar.

Son muchos los que les pueden decir algo de los sindicatos, sobre los
sindicalistas:

El maestro que pudo denunciar al padre que le pegó en la puerta del colegio,
los trabajadores que consiguieron que no les echaran de la Fabrica, la chica
que pudo exigir el cumplimiento de su baja por maternidad en su
supermercado.

Porque también fue una liberada sindical la que se puso al teléfono el día
en que despidieron a Julia, la chica de la tienda de fotos, y le ayudó a ser
indemnizada como estipulan los convenios; y aquel otro joven que movió cielo
y tierra para arreglarle
los papeles al abuelo para procurarle una paga medio-decente, porque los
usureros de hace 30 años no lo aseguraban en ningún trabajo.

Para qué recordar las horas al teléfono escuchando con paciencia a cientos
de opositores a los que no aprobaron, gritando e insultado porque en el
examen no les contaron 2 décimas en la pregunta 4.

O el otro compañero sindicalista, el que denunció a la constructora que se
negaba a indemnizar a la viuda de su amigo Manuel, que trabajaba sin casco.

Ya nadie se acuerda de dónde salieron sus vacaciones, los aumentos de sueldo
que se fueron consensuando, el derecho a una indemnización por despido, a
una baja por enfermedad, o a un permiso por asuntos propios.

Esta sociedad del consumo, prefiere tirar un saco de manzanas porque una o
dos están picadas, por muy sanas que estén el resto.

Los precedentes televisivos: entrenadores de fútbol, famosos de la exclusiva
en revistas, y demás subproductos, se convierten en clinex de usar y tirar
dependiendo de las modas.

Ahora, en un momento en que los trabajadores deben estar más juntos,
arropados y combatientes contra quienes realmente les explotan, aparecen
grietas prefabricadas en los despachos de los altos ejecutivos, ávidos de
hincar más el diente en el rendimiento
de la clase trabajadora.

¿Quién tirará la primera piedra?.

¿Serán los políticos gobernantes, o los banqueros quienes hablarán de
dejadez o vagancia?.

¿Tendrán capacidad moral los jueces o los periodistas, de hablar de
corrupción en las demás profesiones?.

¿Serán más idóneos para iniciar lapidaciones, los super-empresarios del
ladrillo?.

¿En qué profesión se puede jurar que no existen vagos, corruptos, peseteros,
o ladrones?.

¿Preguntamos mejor entre la Iglesia o la Monarquía.?.

Pero qué fácil resulta rajar en este país. Siembra la duda, y obtendrás
fanatismo barato.

Qué bien asfaltado les estamos dejando el camino a quienes realmente nos
explotan cada día.

¡Acabemos con los sindicatos!. Sí.

Dejemos que la patronal y los bancos regulen los horarios, las pensiones,
los sueldos, las condiciones laborales y los costes del despido.

Verán cómo nos va a ir con la reforma del mercado laboral, cuando los
sindicatos dejen de existir y no puedan convocarse huelgas ni
manifestaciones.

Verán qué contentos se pondrán algunos cuando sepan que ya no estarán
obligados a pagar las flores de los centenares de trabajadores que mueren
todos los años, a costa de sus mezquindades.
Lokutus (27-12-2012, 14:14)
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Quinto Horacio Flaco wrote:
> El problema es que esa frase por la que suspiran los gobernantes "Qué bien
> estaríamos sin sindicatos" empieza a calar entre la gente de a pie, con un
> discurso cargado de improperios, gritos, oportunismo, mala leche y, sobre
> todo, un enorme vacío de argumentos


A los que hablan así, recuerdales que la CEOE tiene el doble de
liberados y el doble de subvenciones que CCOO + UGT juntas. Ya veras que
pronto callan por si solos.

}:-)

Y cuando utilizen el epíteto "subvencionados", responde en plan
despistado:

"¿subvencionado?, ¿te refieres a la iglesia?, ¿qué tienen que ver los
curas en esto?"

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